El principal problema radica en el efecto secundario de vasoconstricción y retención de líquidos que provocan ciertos fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) y analgésicos populares. Cuando las arterias ya han perdido parte de su elasticidad natural debido al proceso biológico del envejecimiento, este esfuerzo adicional exige un trabajo extremo al miocardio, elevando peligrosamente el riesgo de sufrir insuficiencia cardíaca o un evento coronario adverso en pacientes de la tercera edad.