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“¿Su hija?”
Él asintió.
Charlotte frunció el ceño. “La junta directiva ya está haciendo preguntas.”
“Que pregunten”, respondió Julian con frialdad. “La familia no necesita su aprobación.”
La palabra se le hizo extraña en la boca… pero era la correcta.
Esa tarde, Emily estaba en el patio, viendo a Lila perseguir mariposas.
Julian trajo dos tazas de té. “Siempre te encantó la puesta de sol.”
“Era la única vez que el mundo estaba en silencio.”
Dio un sorbo. “¿Por qué no volviste cuando el cáncer desapareció?”
Ella apartó la mirada. “Porque pensé que ya no pertenecía a tu mundo. Te volverías intocable, famosa, poderosa.”
Se inclinó hacia mí. “Estaba solo.”
Ella no dijo nada.
“Podrías haber vuelto.”
“Tenía miedo de que no me perdonaras.”
Julian se alejó con las manos en los bolsillos. “¿Y ahora?”
Emily tragó saliva. “No sé si podrás.”
“No quiero venganza. Quiero ser el hombre que ella necesita.”
“Necesita un padre. No un director ejecutivo,” susurró.
“Entonces yo seré eso.”
Al día siguiente, mientras Julian atendía una llamada, sonó el timbre.
Emily abrió la puerta y vio a la madre de Julian, Diane Maddox: firme, fría e imponente.
“Así que has vuelto.”
“Hola, Diane”, respondió Emily con cautela.