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“Qué cara tienes. Julian está hecho polvo desde que te fuiste.”
Emily retrocedió un paso. “Por favor, pasa.”
Diane entró tranquilamente.
“No te quedarás, ¿verdad?”
“No lo tenía pensado. Pero n
Ay… No lo sé.
¿Crees que tener un hijo te convierte de nuevo en familia?
Nunca dejé de ser familia. Lila es la hija de Julian.
Diane resopló. “¿Y si esto es un plan para enriquecerse?”
La voz de Emily se endureció. “Así que nunca me conociste”.
Julian llegó, percibiendo la tensión.
¿Qué está pasando aquí?
“Solo una reunión familiar”, respondió Diane con dulzura.
Julian miró a Emily con recelo. Ella negó con la cabeza.
Más tarde, Emily hizo la maleta.
Julian la encontró en el pasillo. “¿Qué haces?”
“No puedo quedarme. Tu madre…”
“Déjame adivinar. ¿Cree que estás aquí por dinero?”
Emily asintió. “No quiero problemas”.
Julian la tomó de la muñeca con suavidad. “No te vas por ella”.
“No lo entiendes”.
“No, sí. Te quiero aquí. Lila te necesita. Nadie te va a echar. Ni siquiera mi madre.”
Le tembló el labio. “¿Irías en contra de tu familia?”
“Eres mi familia”, dijo. “Siempre lo has sido.”
Las lágrimas cayeron, pero esta vez no se apartó.
Las semanas se convirtieron en meses.
Julian viajó menos, aprendiendo a trenzar el cabello de Lila en lugar de estrategias de sala de juntas. Emily encontró paz en una casa que una vez había sido una jaula. La risa de Lila llenó los pasillos.
Un domingo, bajo el magnolio, Julian se arrodilló con una pequeña caja de terciopelo en la mano.
“Julian…”
“Te perdí una vez. No volveré a cometer ese error.”
Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras Lila aplaudía, ajena a todo.
“Sí”, susurró Emily. “Sí.”