3. Ejercicio con temperaturas extremas: cuando el clima se convierte en el enemigo silencioso del corazón
A partir de los 60 años, el cuerpo pierde gran parte de su capacidad para regular la temperatura interna. Con el frío, los vasos sanguíneos se contraen para conservar el calor, lo que provoca un aumento de la presión arterial. Con el calor extremo ocurre lo contrario: los vasos sanguíneos se dilatan, el corazón se acelera para enfriar el cuerpo y la deshidratación aparece con mayor rapidez.
En ambos casos, el corazón se ve obligado a trabajar más, no por el esfuerzo físico en sí, sino para sobrevivir. He visto pacientes desplomarse durante caminatas en días calurosos o sufrir falta de aire tras solo unos minutos en aire frío.
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