La muerte es uno de esos temas que todos preferimos evitar, pero que inevitablemente toca a cada ser humano. Cuando un ser querido fallece, el dolor puede ser tan profundo que muchas personas reaccionan de formas que no siempre son racionales. En medio de la tristeza y la despedida, algunos sienten la necesidad de dar un último beso a la persona que ha partido, como un gesto de amor, respeto o cierre emocional. Pero aunque ese acto parezca inofensivo y profundamente humano, tiene implicaciones que vale la pena conocer.
El cuerpo humano, una vez que muere, comienza a sufrir una serie de cambios biológicos inevitables. Lo que muchos desconocen es que ese proceso puede convertir un gesto tan cargado de cariño como un beso en algo riesgoso para la salud. Besar a una persona fallecida puede tener consecuencias físicas, emocionales y hasta simbólicas que merecen ser analizadas con cuidado.
Primero, hay que entender qué sucede con el cuerpo después del fallecimiento. Una vez que el corazón deja de latir, la sangre deja de circular y el oxígeno deja de llegar a los tejidos. En cuestión de minutos, las células comienzan a descomponerse y los microorganismos que vivían de manera controlada en el cuerpo —principalmente en el intestino— empiezan a multiplicarse sin freno. Esto marca el inicio del proceso de descomposición. Aunque al principio el cuerpo aún parece “normal”, internamente comienzan reacciones químicas y bacterianas que alteran su estructura y liberan gases y sustancias tóxicas.