Besar a un cuerpo en ese estado, incluso pocas horas después de la muerte, puede exponer a la persona viva a microorganismos peligrosos. En algunos casos, dependiendo de la causa del fallecimiento, el cuerpo puede ser portador de virus o bacterias que aún permanecen activos por un corto tiempo. Enfermedades como la hepatitis B, la tuberculosis, el VIH o infecciones respiratorias graves pueden transmitirse si existe contacto directo con fluidos corporales o mucosas.
Aunque el riesgo de contagio disminuye conforme pasa el tiempo, durante las primeras horas sigue siendo posible. Si el fallecido murió por una enfermedad infecciosa, las posibilidades de transmisión son más altas. De ahí que las autoridades sanitarias y los profesionales funerarios recomienden evitar el contacto físico directo con el cuerpo, especialmente besar los labios o el rostro.
Ahora bien, más allá del riesgo biológico, existe otro tipo de impacto que pocas veces se menciona: el emocional. Dar un beso de despedida puede ser un acto simbólico muy fuerte, pero también puede dejar una huella psicológica profunda. Muchas personas lo hacen como una forma de cerrar el ciclo, de decir “adiós” con el corazón. Sin embargo, otras pueden quedar atrapadas en ese momento, sintiendo culpa o angustia al recordar el contacto con un cuerpo inerte. No todos reaccionan igual ante la muerte, y lo que para unos es un gesto de amor, para otros puede convertirse en un trauma.
En las culturas de distintas partes del mundo, los rituales de despedida varían. En algunos lugares, besar o tocar al fallecido es algo completamente normal, una muestra de afecto final. En otros, se considera un acto tabú o incluso peligroso. En algunos países latinoamericanos, por ejemplo, es común que las familias velan al difunto en casa y que los más cercanos lo abracen o lo besen por última vez. Pero incluso en esos contextos, los expertos recomiendan hacerlo con precaución, sobre todo si el cuerpo no ha sido tratado por profesionales.
Los embalsamadores y tanatopractores —quienes preparan el cuerpo para el velorio— aplican productos químicos que retrasan la descomposición y reducen el riesgo de transmisión de enfermedades. Sin embargo, esos mismos químicos (como el formaldehído) pueden resultar irritantes o tóxicos al contacto con la piel o las mucosas. Es decir, aunque el cuerpo haya sido preparado, besar al difunto aún puede implicar una exposición a sustancias peligrosas.