Marie, de 50 años, la mayor de cuatro hermanos, me cuenta: “Tuvimos una infancia feliz porque ‘no nos faltó de nada’. Excepto del amor de nuestra madre. No tengo fotos mías de bebé en sus brazos, ni recuerdos de ella acompañándome al deporte… y sobre todo jamás ningún ánimo, jamás felicitaciones. Siempre reproches. Incluso cuando le hacía un regalo. Toda mi vida estuvo dedicada a complacerla, en vano.” Lo mismo ocurre con Fanny, de 34 años: “Cero ánimos, solo críticas desde la infancia. Nunca era suficiente incluso cuando sacaba buenas notas, siempre desacreditando a mi entorno para alejarme de él. Empecé mi vida laboral sin ninguna confianza en mí misma, siempre muy ansiosa y con la principal misión de ser perfecta y que todo el mundo me quisiera. Tuve que soportar sus llamadas telefónicas durante años aunque ella sabe que las odio; duraban hora y media y yo tenía que hacer de psicóloga porque no hacía más que quejarse.” Muchas testigos eligieron cortar la relación porque se sentían asfixiadas en la relación madre-hija. Es el caso de Clothilde, de 46 años: “Ya no hablo con mi madre porque me era imposible sentirme mal en cada intercambio. Mi madre siempre se posicionó como una rival conmigo. Cuando era niña, era excelente en la escuela, pero ella solo me decía ‘es normal’ con tono seco; en la adolescencia me repetía que no era ‘femenina’ y que ella, a mi edad, tenía montones de pretendientes. Al mismo tiempo, en cuanto intentaba un estilo más femenino, me lo prohibía diciendo que era vulgar y que parecía ‘una puta’. También me descuidó mucho; pasé mi infancia esperándola a veces dos o tres horas a la salida de mis actividades. Su autoridad era errática: me prohibía todo y luego me dejaba hacer cualquier cosa.” A pesar del sufrimiento, a veces son necesarias varias décadas para darse cuenta de que ese trato, esa manipulación, no son normales. “Pasé años considerando normal su comportamiento, luego excusándolo y después pensando que era mi culpa que ella fuera así”, confiesa Jeanne, de 28 años. “Me doy cuenta de que realmente tiene el comportamiento de un acosador. Estoy haciendo el duelo de la madre que creía que era —me vendió su mito de chica moderna, mamá cool y brillante— y estoy haciendo el duelo de la madre que debería haber tenido. Ahora yo soy mi propia mamá, me cuido sola. Lamento que haya dejado que los demonios de su cabeza y de su infancia se interpusieran entre ella y yo.”