Al hablar con varias decenas de mujeres, me doy cuenta rápidamente de que sus edades son muy variadas. ¿Significa eso que esta toxicidad materna no tiene nada que ver con pertenecer a tal o cual generación? “Desde que salió el cómic, por mensajes o en sesiones de firmas, la dibujante y yo vemos principalmente mujeres, pero también hombres, que dicen ‘la madre del libro es mi madre’ y, a veces, ‘es mi padre’, pero constato que eso afecta a personas de todas las generaciones”, cuenta Sophie Adriansen. “Yo tengo 42 años y encuentro tanto mujeres veinte años más jóvenes como mujeres de la edad de mi madre, lo que revela un funcionamiento sistemático que trasciende la época. Al principio pensábamos que había un aspecto generacional, relacionado quizá con los hijos del mayo del 68 que reaccionan a una educación demasiado estricta o reproducen ciertas cosas… Pero no, afecta a mujeres de edades y entornos muy diversos.” Cuestionar a tu madre, a tu abuela, pero también a tu hermana, tu mejor amiga o tu jefa, puede parecer difícil en una época en la que cada vez más se nos llama a mostrarnos solidarias entre nosotras. En ese sentido, ¿cortar la relación con la madre sería un gesto antifeminista? “Yo tendería a pensar lo contrario”, me responde la autora. “Si una corta porque es necesario o toma distancia, es porque rechaza los mecanismos de dominación que se ejercen. Recuperar el control de la propia existencia, de la propia trayectoria, ¿no es más bien feminista? Las madres que buscan a toda costa ejercer esa dominación están reproduciendo algo patriarcal.” La educación feminista puede incluso formar parte de las herramientas que permiten sentirse mejor frente a una madre tóxica, como me explica Léa, de 30 años: “A los 26 años tenía un sentimiento permanente de fracaso e inferioridad, hasta que conocí a una compañera de trabajo de 50 años, sin marido ni hijos, que me dijo: ‘Tu madre no es muy feminista, ¿eh?’ Le pedí que me explicara qué era el feminismo porque —sin bromas— entre mi entorno cerrado y mis siete años de medicina, tenía una cultura muy limitada. Fue una revelación darme cuenta de que el 100% de mi sufrimiento venía del patriarcado, del que mi madre también sufre con mi padre finalmente, y que ella reproduce conmigo ciertos esquemas… El feminismo me permitió desprenderme de todo eso. Hoy quiero militar al máximo para realizarme y ayudar a otras mujeres, espero, a hacer lo mismo.”