¿Te has despertado alguna vez con el cuello rígido en pleno verano? Inmediatamente pensamos en el colchón, una almohada demasiado plana o una mala postura al dormir. Sin embargo, el ventilador también puede ser el culpable. Cuando el aire sopla sobre la misma zona del cuerpo durante mucho tiempo, los músculos pueden contraerse. Esto ocurre especialmente en el cuello, los hombros y la espalda. No te das cuenta mientras duermes, pero al despertar, la incomodidad está ahí: rigidez, tensión y sensación de frío.
Y es aún más común si duermes con los ojos ligeramente descubiertos o con el ventilador demasiado cerca de la cama.
Para evitarlo, aleja el ventilador y no lo dirijas directamente hacia la parte superior del cuerpo.
Lo ideal es que oscile o que lo orientes hacia una pared para que el aire regrese de forma más suave y difusa.
Polvo, polen, pelo de mascotas: el ventilador levanta todo lo que no puedes ver.
Este es uno de los inconvenientes más comunes. Un ventilador no enfría el aire, sino que lo remueve. Al hacerlo circular, también puede remover todo aquello que se encuentra en el dormitorio: polvo en los muebles, polen que entra por la ventana, pelo de mascotas, pequeñas partículas atrapadas en las cortinas o debajo de la cama. El resultado: si tienes pulmones sensibles, eres propenso a las alergias o sufres de asma, la noche puede volverse rápidamente desagradable.