La tentación es fácil de entender. Después de un día sofocante, las sábanas y la almohada se sienten calientes, y cada movimiento te hace sentir que sudas más. Así que, cuando el ventilador empieza a girar, es casi un alivio. El problema es que una brisa continua durante varias horas termina resecando. El aire en constante circulación puede irritar los ojos, resecar la garganta y dejar los labios más secos al despertar. Algunas personas incluso se despiertan con una sensación de ardor en la nariz, como si hubieran dormido en una habitación demasiado seca. Y no es solo desagradable: cuando las membranas mucosas están irritadas, no cumplen bien su función protectora. Por lo tanto, la mejor opción es nunca dirigir el ventilador directamente a la cara. En su lugar, colócalo de manera que el aire circule por la habitación, sin que entre constantemente. Tus dolores matutinos no necesariamente provienen de la almohada.