Soy Elena, tengo 27 años y soy diseñadora de interiores de Florencia. Conocí a Nicolas, el hombre que creí que estaba destinado a ser mío, durante un proyecto de diseño en el Lago de Como. Era elegante, de buenos modales y siempre decía que lo único que deseaba era que yo fuera su esposa.
Lo amaba tan profundamente que ignoré todas las señales de advertencia. Nicolas me contó que tenía que cuidar de su hermano gemelo, Noah, que nació sordo y mudo. Vivía solo en la antigua villa familiar junto al lago. Admiraba a Nicolas por su bondad y devoción.
Una tarde, bajo el resplandor ámbar del atardecer reflejándose en el agua, se arrodilló y susurró:
«Cásate conmigo, Elena. Te daré paz para el resto de tu vida».
Pensé que estaba entrando en un sueño, pero fue el comienzo de una pesadilla.
LA NOCHE DE BODAS
Nuestra boda fue íntima y privada. Nicolas insistió en que su familia prefería la sencillez. Vestía un traje blanco de encaje mientras él me conducía a la gran villa: silenciosa, antigua, rodeada de niebla.
Pero al levantar el velo… El hombre frente a mí no era Nicolás.
Se parecía exactamente a él, pero sus ojos estaban vacíos y sus labios no se movían.
Se me heló el corazón. «¿Dónde está Nicolás?», grité.
Nadie respondió. Su madre dio un paso al frente, con voz gélida:
«A partir de este momento, eres la esposa de Noé. No hagas preguntas».
Antes de que pudiera reaccionar, las puertas se cerraron de golpe.
Fue entonces cuando comprendí que me habían engañado. Me había casado con el hombre equivocado.
Nicolás me había utilizado para fingir un matrimonio para su hermano discapacitado, solo para proteger la fortuna familiar.
Esa noche, temblaba en un rincón mientras la lluvia azotaba las ventanas.
Noé, mi silencioso «esposo», estaba sentado frente a mí, con los ojos llenos de tristeza.
Tres meses después…

Vivía como un fantasma.
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