Mi novio me engañó para que me casara con su gemelo sordomudo. El día de mi boda descubrí la verdad, pero ya era demasiado tarde. Tres meses después, ocurrió una terrible tragedia…

Cada día, tenía que representar el papel de esposa devota dentro de aquella fría villa. Nicolás desapareció tras la boda, enviándome solo sobres con dinero de vez en cuando.

Noah, aunque mudo, me cuidaba en silencio: ponía la mesa, me ayudaba a cocinar y me dejaba pequeñas notas escritas con delicada caligrafía:

«No tengas miedo».

«No soy como ellos».

Una noche de tormenta, me desperté por unos fuertes golpes.

Bajé las escaleras y vi a Nicolás, empapado, con los ojos llameando de rabia.

Me agarró bruscamente:

«¡Eres mía, Elena! ¡Nadie puede tenerte, ni siquiera él!».

Intenté zafarme, pero Noah apareció de entre las sombras. Empujó a Nicolás y me hizo un gesto desesperado: «¡Corre!».

Oí una lucha a mis espaldas: chapoteos, gritos, y luego silencio.

Cuando llegó la policía, encontraron el cuerpo de Nicolás en el lago. Noah había desaparecido.

LA VERDAD SOBRE LA HERENCIA

Tras el funeral, supe la verdad.

La villa y todos los bienes familiares fueron legados por su difunto padre con una extraña condición:

«La herencia pertenece enteramente a Noah.

Pero si Noah se casa antes de cumplir los treinta,

Nicolas se convertirá en el administrador legal.

Si Nicolas fallece, toda la fortuna deberá ser donada a la caridad».

Nicolas, a pesar de ser el gemelo, no tenía derecho a nada. Solo podía controlar la fortuna a través del matrimonio legal de Noah.

Así que me sedujo, falsificó una boda y me utilizó como su «esposa de nombre», con la intención de reclamarlo todo y luego deshacerse de nosotros dos.

Todos formaban parte de su engaño, excepto Noah y yo.

Pobre Noah… creía que de verdad tenía una esposa y un hogar. Pero no era más que un peón en el cruel juego de su hermano.

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