La queratosis actínica es una forma de daño cutáneo causado principalmente por la exposición prolongada al sol. Se desarrolla con mayor frecuencia en personas de piel clara que han pasado mucho tiempo al aire libre sin protección solar. Por ello, es común encontrarla en zonas del cuerpo que están más expuestas al sol, como el rostro, el cuero cabelludo (especialmente en personas calvas), las orejas, los antebrazos y las manos.
Estas lesiones pueden comenzar como pequeñas manchas rugosas, a menudo del tamaño de una cabeza de alfiler, que con el tiempo pueden crecer y volverse más evidentes. En algunos casos, pueden causar picazón, ardor o sensibilidad. Sin embargo, muchas veces no producen síntomas y solo se detectan al tacto.
La importancia de la queratosis actínica radica en que puede evolucionar, en un pequeño porcentaje de casos, en un tipo de cáncer de piel conocido como carcinoma de células escamosas. Por eso, es fundamental detectar y tratar estas lesiones de forma temprana.
Factores de riesgo
Algunos factores que aumentan el riesgo de desarrollar queratosis, especialmente la actínica, son:
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Exposición crónica o intensa al sol o a camas solares.
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Piel clara, ojos claros y cabello rubio o pelirrojo.
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Edad avanzada (es más común en personas mayores de 50 años).
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Sistema inmunológico debilitado (por ejemplo, en personas trasplantadas).
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Antecedentes de quemaduras solares repetidas en la infancia o adolescencia.
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Vivir en zonas de alta radiación solar.