Numerosos estudios científicos han demostrado que la falta de sueño crónica puede aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades graves como la hipertensión, enfermedades cardíacas, diabetes tipo 2 y obesidad. Dormir mal altera el equilibrio hormonal, especialmente aquellas hormonas que regulan el apetito y el metabolismo. Por eso, muchas personas que no descansan bien tienden a comer en exceso, especialmente alimentos poco saludables, lo que contribuye al aumento de peso.
3. Debilitamiento del sistema inmunológico
Durante el sueño, el sistema inmunológico produce sustancias que ayudan a combatir infecciones y enfermedades. Cuando no se duerme bien, esta producción se reduce, dejando al cuerpo más vulnerable frente a virus y bacterias. Por eso, las personas que duermen mal con frecuencia se enferman más fácilmente y tardan más en recuperarse.
4. Problemas de salud mental
Dormir mal también afecta el estado de ánimo. La irritabilidad, la ansiedad y la depresión son consecuencias comunes de la falta de sueño. El descanso insuficiente altera los neurotransmisores del cerebro, afectando el equilibrio emocional. A largo plazo, esto puede generar trastornos mentales más graves o agravar problemas ya existentes. En algunos casos, la falta crónica de sueño puede llevar a pensamientos negativos o incluso ideas suicidas.