Aunque cada caso es diferente y siempre es recomendable consultar con un médico, en la mayoría de los casos la clave está en mantener un nivel moderado de actividad física:
1. Caminar a diario:
Caminar es un ejercicio suave, de bajo impacto, que ayuda a mejorar la circulación, activar los músculos de la espalda y liberar tensiones. Diez a quince minutos al día pueden marcar una gran diferencia.
2. Ejercicios de estiramiento:
Practicar estiramientos suaves dirigidos por un fisioterapeuta puede mejorar la flexibilidad y reducir la presión sobre los discos intervertebrales.
3. Fortalecer el core:
El «core» es el conjunto de músculos del abdomen, la espalda baja y la pelvis. Fortalecer esta zona ayuda a sostener la columna de forma natural, reduciendo el esfuerzo que esta realiza en cada movimiento.
4. Cuidar la postura:
Evitar encorvarse al estar sentado, mantener los hombros relajados y dormir con un buen colchón puede aliviar notablemente las molestias.
5. Aplicar calor o frío según el caso:
El frío ayuda a reducir la inflamación en las primeras horas de dolor, mientras que el calor es útil para relajar los músculos tensos días después.