Anoche detuve a d3ad en la puerta de mi garaje. Al principio pensé que lo habían clavado a la pared como una broma. Luego me di cuenta de que estaba vivo.
Ahí estaba: de un amarillo brillante, cubierto de diminutos puntos negros, con largas púas oscuras que sobresalían de su cuerpo como una especie de arma alienígena en miniatura. No se movía. No corría. Simplemente permanecía pegado a la pared, completamente inmóvil, como si esperara a que lo viera.
Mi primer pensamiento no fue científico. Fue pánico.
Enseguida me vinieron a la mente las peores explicaciones posibles: una araña mutante, un insecto tropical asesino, una criatura venenosa o algo que definitivamente no debería haber estado en mi casa. Retrocedí lentamente, sin perderlo de vista. Cuanto más lo miraba, más extraño me parecía.
Su cuerpo era pequeño pero temible, casi como un escudo amarillo con marcas negras. Largas espinas curvas brotaban de sus costados, haciéndolo parecer mucho más peligroso de lo que realmente era. Parecía como si la naturaleza lo hubiera diseñado específicamente para asustar a la gente.
Tras unos minutos, la curiosidad venció al miedo. Me acerqué lentamente, esperando que saltara. No lo hizo. Le saqué una foto y se la envié a algunos amigos.
Las respuestas llegaron rápidamente.
“No lo toques.”
“Prended fuego al garaje.”
“Tiene aspecto venenoso.”