¿Despertares frecuentes entre las 3 y las 5 de la madrugada? Esto es lo que podría significar

Siempre es la misma historia. Te acuestas a una hora razonable, sin una cena demasiado pesada, con el teléfono en modo avión… y, aun así, te despiertas en plena noche, con los ojos bien abiertos y sin motivo aparente. Son las 3 de la mañana. Otra vez. ¿Y si este momento extraño no fuera una simple coincidencia?

La “hora del lobo”: ¿una leyenda no tan descabellada?

En algunas culturas, esta franja horaria entre las 3 y las 5 de la madrugada se conoce con el nombre poético (y un poco inquietante) de la “hora del lobo”. Popularizada por el director sueco Ingmar Bergman, esta expresión evoca un período en el que las angustias internas toman el control, las pesadillas parecen más reales y uno se siente especialmente vulnerable.

Pero más allá del cine y del folclore escandinavo, este fenómeno conecta con una realidad mucho más común, aunque igual de intrigante: el funcionamiento natural de nuestro cuerpo durante el sueño profundo.

Lo que dice la ciencia: cuando el cuerpo se ralentiza al máximo

Entre las 3 y las 5 de la mañana, nuestro organismo alcanza un estado de descanso especialmente profundo. En ese momento, la temperatura corporal desciende, la presión arterial disminuye y la actividad metabólica está en su punto más bajo. Es el corazón mismo del ciclo circadiano, ese ritmo biológico que regula nuestro sueño en función de la luz del día.

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Pero aquí está el detalle: también es un período de fragilidad. En las personas propensas a la ansiedad o al estrés, esta relajación extrema del cuerpo puede, paradójicamente, abrir la puerta a un despertar repentino. Los pensamientos se aceleran, las preocupaciones reaparecen y la mente, de pronto alerta, nos arranca del sueño sin previo aviso.

Estrés, cafeína y pantallas: los enemigos del sueño tranquilo

Despertarse a las 3 de la mañana no significa necesariamente que “algo vaya mal” en profundidad. Muy a menudo, son factores muy concretos de la vida diaria los responsables: una taza de café tomada demasiado tarde, una serie vista hasta altas horas de la noche o incluso una cena demasiado abundante o picante.

Otro punto a vigilar es la irregularidad de los horarios de sueño. Acostarse a horas diferentes cada noche impide que el cuerpo encuentre su ritmo natural, lo que favorece los despertares nocturnos.

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