A menudo se trata la intimidad como algo casual, algo que simplemente “sucede” cuando dos personas se sienten atraídas la una por la otra. Las películas la idealizan, los amigos cotillean sobre ella y la cultura suele reducirla a un hito o una broma. Pero la verdad es mucho más compleja. Acostarse con alguien, especialmente demasiado pronto, conlleva consecuencias —físicas, emocionales y psicológicas— que perduran mucho tiempo después.
Aprendí esta lección por las malas. Durante años, pensé que ceder rápidamente haría que alguien se quedara, que le gustara más o que aceleraría una relación hasta convertirla en algo sólido. En cambio, lo que obtuve fue un ciclo de decepción, confusión y cicatrices que no siempre eran visibles para los demás. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que la intimidad sin preparación, respeto ni confianza puede dejarte más vacío que antes.
Las consecuencias emocionales
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