Mi suegra me golpeó delante de mi marido. Y a la mañana siguiente, despertaron y encontraron el apartamento vacío.

Mi suegra me pegó delante de mi marido. Y a la mañana siguiente, despertaron en el apartamento vacío.

La gota que colmó el vaso

—¡Cómo te atreves a hablarme así, insolente! —gritó Carmen Morales, frunciendo el ceño con furia.

Levantó la mano tan rápido que Laura ni siquiera tuvo tiempo de apartarse.

La bofetada resonó por la cocina, rompiendo el silencio.

La cuchara cayó al suelo y el corazón de Laura se encogió de rabia y dolor.

Carmen nunca había aceptado a su nuera.

La consideraba demasiado callada, demasiado sabelotodo, demasiado diferente.

Desde que su hijo Javier perdió el trabajo y la joven pareja tuvo que mudarse con ella a Sevilla, la convivencia se volvió insoportable.

Laura soportó la humillación en silencio, esperando que su marido finalmente la defendiera.

Pero a medida que pasaban los días, se reía cada vez más de las palabras de su madre.

Esa noche, todo llegó a su límite.

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