El ejercicio es una de las mejores formas de activar la linfa. Incluso el movimiento suave ayuda.
Opciones ideales:
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Caminar
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Rebotar en un mini trampolín
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Yoga (especialmente torsiones e inversiones)
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Saltos o aeróbicos suaves
🕒 Realiza entre 10 y 30 minutos diarios para mantener tu linfa activa.
4. Practica respiración profunda
El diafragma juega un papel clave en la circulación linfática.
La respiración abdominal profunda ayuda a impulsar la linfa hacia la circulación general.
Cómo hacerlo:
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Siéntate cómodamente y coloca una mano en el pecho y otra en el abdomen.
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Inhala por la nariz expandiendo el abdomen.
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Exhala lentamente por la boca.
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Repite de 2 a 5 minutos al día.
5. Come alimentos que apoyen la linfa
Algunos alimentos ayudan a fluidificar la linfa y reducir la congestión.
✅ Buenos aliados:
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Verduras de hoja verde (col rizada, espinaca)
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Vegetales crucíferos (brócoli, repollo, coles de Bruselas)
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Ajo y jengibre
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Cítricos (limón, lima)
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Vinagre de manzana
Semillas de lino y chía
❌ Evita:
Alimentos procesados
Azúcares refinados
Exceso de lácteos
Alcohol y cafeína
6. Masaje y drenaje linfático
El masaje suave, especialmente el drenaje linfático manual (DLM), estimula el movimiento de los fluidos estancados.
Sugerencias:
Acude a un terapeuta certificado en DLM.
Haz auto-masajes suaves en cuello, axilas y abdomen.
Usa rodillos de jade o gua sha para el drenaje facial.
7. Reduce la exposición a toxinas
Disminuir las toxinas ambientales ayuda a reducir la carga sobre tu sistema linfático.
Consejos:
Elige alimentos orgánicos siempre que sea posible.
Usa productos de limpieza y cuidado personal no tóxicos.
Evita fumar y limita el consumo de alcohol.
Apoya la función hepática con hierbas como el cardo mariano o la raíz de diente de león.