Todos pensamos que una carie es algo menor, un dolorcito molesto que se arregla con una visita al dentista… cuando haya tiempo. Pero dejar pasar ese “detallito” puede convertirse en algo mucho más serio, incluso mortal. Suena exagerado, pero no lo es.
Todo empieza con restos de comida y azúcar acumulados que alimentan a las bacterias en la boca. Estas bacterias producen ácidos que desgastan el esmalte del diente. Si no haces nada, el daño avanza hasta llegar al nervio, donde ya no hay vuelta atrás. Ahí es cuando aparece el dolor fuerte, la inflamación y, en muchos casos, un absceso: una bolsita de pus que no solo duele, sino que puede complicarse mucho.
