La fibra aporta otro beneficio: una mejor digestión. La pitahaya contiene fibra soluble e insoluble, que previene el estreñimiento, favorece la salud de las bacterias intestinales y mejora la absorción de nutrientes. Sus semillas incluso aportan ácidos grasos omega-3 y omega-6, conocidos por proteger el corazón. Para quienes controlan el azúcar en sangre, la fibra de la pitahaya ayuda a ralentizar la absorción de azúcar, previniendo picos bruscos.
Si bien no reemplaza un tratamiento, puede formar parte de una dieta equilibrada para personas con diabetes o prediabetes. Más allá de la salud, la pitahaya es versátil. Se puede comer fresca, licuada en batidos, en ensaladas o incluso congelada en postres ligeros. Los médicos nos recuerdan que ninguna fruta por sí sola es una cura milagrosa, pero la pitahaya se ha ganado su lugar como un superalimento tropical. Favorece el corazón, fortalece el sistema inmunitario, facilita la digestión y nutre la piel, todo en un solo envase de color joya.