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Mientras estudiaban el cáncer, realizaron tomografías computarizadas y tomografías por emisión de positrones (TEP) a pacientes a los que se les había inyectado glucosa radiactiva, lo que, en teoría, hacía que los tumores brillaran en las exploraciones.
Durante las exploraciones, el equipo observó que dos áreas dentro de la cabeza de los pacientes brillaban más de lo previsto, y finalmente dedujeron que allí se ocultaban un conjunto secreto de glándulas salivales.
El equipo decidió darle un nombre apropiado: glándulas salivales tubarias, ya que se encuentran detrás de la nariz, en el espacio donde la cavidad nasal se une a la garganta.
En cuanto a su función, las glándulas “lubrican y humedecen la zona de la garganta detrás de la nariz y la boca”.
