La ropa es especialmente personal y a menudo lleva el aroma familiar de alguien a quien extrañamos profundamente. Pero aferrarse a demasiada ropa puede impedir la aceptación de su ausencia. Elegir algunas prendas especiales para conservar y donar el resto puede ser un paso hacia la sanación. Lo mismo ocurre con los objetos personales favoritos: tazas, herramientas o recuerdos que, aunque valiosos, pueden agobiarnos si conservamos demasiados. Está bien guardar uno o dos objetos significativos, pero es importante no rodearnos de todo lo que dejaron atrás. El verdadero recuerdo vive en nuestros corazones, en el amor que compartimos y en las lecciones que nos enseñaron. Seguir adelante con ese amor es una de las formas más poderosas de honrar su vida.