Mi novia volvió a casa después de pasear al perro.

Perros

La tensión que había llenado la habitación se desvaneció al instante, reemplazada por una oleada de alivio tan intensa que casi nos mareó. Nos quedamos mirando las diminutas e inofensivas fibras de plástico en mi mano, luego nos miramos el uno al otro y, finalmente, a nuestro perro, que ignoraba por completo la crisis existencial que acababa de provocar. Pasamos del miedo a la risa en cuestión de segundos.

Ese breve instante se convirtió en un crudo recordatorio de la rapidez con la que nuestra mente se deja llevar por el horror, y de la frecuencia con la que los monstruos que tememos resultan ser nada más que fragmentos inofensivos y fuera de lugar de la vida cotidiana.

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