Elegir esperar, sin olvidar
Finalmente decidí quedarme. No por perdón ni por resignación, sino por instinto de protección. Me concentré en mi complicado embarazo, en mi cuerpo, en este bebé que crecía dentro de mí. Los meses transcurrieron lentamente, llenos de pesados silencios y emociones reprimidas. Caminé por la cuerda floja, decidida a aguantar hasta el nacimiento.
Y entonces, un día, nació mi hijo. Perfectamente sano. En ese preciso instante, todo lo demás pasó a un segundo plano. Había capeado el temporal.
La verdad revelada en el momento justo
En el hospital, mi padre vino a verme de nuevo. Esta vez, su mirada era diferente, más firme. Me tomó de la mano y me dijo que era hora de saber la verdad. Nunca había hecho lo que me había confesado meses antes. Había inventado esta historia solo para evitarme una decisión difícil y dolorosa durante mi embarazo.
Quería protegerme. Darme tiempo. Asegurarse de que mi hijo y yo estuviéramos a salvo por encima de todo.