Mi hijo me llamó inútil, así que al día siguiente decidí cambiar las cerraduras.

¿Qué aprendemos de esta historia?

Que un padre puede perdonar muchas cosas, pero no vivir donde ya no tiene dignidad.
El respeto no se mendiga: se gana con límites.

Y cuando se cruzan esos límites, uno tiene derecho a empezar de nuevo, aunque sea solo.

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