El caso de Max Steiner demuestra cómo la intuición parental, combinada con la observación médica detallada, puede marcar la diferencia en situaciones complejas. Aunque muchos casos de irritación en la boca de los bebés son menores, algunos pueden esconder causas inesperadas.
“Lo que parecía ser solo dentición terminó siendo un caso clínico raro”, concluyó la doctora Ramírez. “Pero lo importante es que se resolvió a tiempo, gracias a que sus padres insistieron en que algo no andaba bien.”
Hoy, cada vez que Max sonríe con su paladar completamente sano, sus padres recuerdan ese día no como una tragedia, sino como una advertencia con final feliz.