La niña lloró y le dijo a la policía: «Ya no quiero dormir en el sótano». Cuando llegaron los agentes y revisaron la planta baja, lo que encontraron los dejó sin palabras…
Era una noche inusualmente tranquila en el tranquilo suburbio de Maplewood, Nueva Jersey, cuando una voz temblorosa y llorosa llegó a través de la línea de emergencias. Era una niña.
“Me llamo Emily Carter”, dijo entre sollozos. “Tengo diez años. Por favor… ya no quiero dormir en el sótano. Por favor, envíen a alguien”.
La operadora, Angela Mills, intentó calmarla. “Emily, ¿puede decirme su dirección?”.
Tras una breve pausa, la niña susurró una dirección en Oak Street. En cuestión de minutos, los agentes Daniel Hayes y Laura Bennett fueron enviados al lugar.
Cuando llegaron, la casa parecía normal desde fuera: luces en la sala, un césped bien cuidado e incluso un coche familiar aparcado cuidadosamente en la entrada. Pero algo en el silencio del interior inquietó al agente Hayes. Asesoramiento legal familiar Concesionario de coches
Llamaron a la puerta y un hombre de unos cuarenta y tantos años abrió. Se llamaba Robert Carter, el padrastro de Emily. Pareció sorprendido de verlos. “Agentes, ¿sucede algo?”, preguntó, intentando parecer tranquilo.
“Recibimos una llamada de esta residencia”, dijo el agente Bennett con firmeza. “Una niña llamada Emily. Necesitamos ver cómo está.”
Robert se removió incómodo. “Emily está durmiendo. Debe ser algún error.”
Pero el oficial Hayes insistió. “Señor, hágase a un lado.”
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