Dormir mal altera el ciclo de producción de diversas hormonas, como el cortisol (hormona del estrés), la insulina y las hormonas del crecimiento. Esto puede provocar alteraciones en el estado de ánimo, el apetito, el metabolismo y el sistema reproductivo. En adolescentes, por ejemplo, puede interferir con el desarrollo, mientras que en adultos puede afectar la fertilidad.
Conclusión
Dormir bien no es un lujo, sino una necesidad vital para gozar de buena salud. Las consecuencias de dormir mal son muchas y afectan al cuerpo, la mente y las emociones. En un mundo donde el estrés, la tecnología y las exigencias laborales hacen cada vez más difícil mantener una rutina de sueño adecuada, es importante tomar conciencia del valor del descanso. Establecer horarios regulares, reducir el uso de pantallas antes de dormir, evitar la cafeína en la noche y crear un ambiente adecuado para el sueño son algunas de las estrategias que pueden ayudar a mejorar la calidad del descanso. Cuidar el sueño es cuidar la vida.