Antes de florecer, muchas mujeres cargan “lastres” emocionales que frenan su expansión:
- Creencias limitantes internas: “no soy suficiente”, “debo complacer”, “no merezco”.
- Culpa y autoexigencia arraigadas.
- Heridas de abandono, traiciones o rechazo no integradas.
- Miedo al juicio, a destacar, al cambio.
- Desconexión con el cuerpo o con emociones profundas.
Estas heridas pueden permanecer latentes durante años y reaparecer cada vez que emprendes un cambio. El empoderamiento interior consiste en nombrarlas, sentirlas, transformarlas.
3. Pasos para sanar y valorarte desde dentro
Aquí tienes un camino sugerido, que puedes adaptar a tu ritmo personal:
3.1 Autoconciencia consciente
Empieza por observar tus pensamientos, emociones y reacciones ante la vida cotidiana. Llevar un diario emocional puede ayudarte a identificar patrones.
3.2 Practicar el autoabrazo (compasión interior)
Cuando surja un dolor interno, acércate a él con ternura en lugar de rechazo. Imagina abrazar esa versión de ti misma que lloraba, temía, resistía. Esa práctica de autoabrazo disuelve juicios internos.
3.3 Revisar y cuestionar creencias heredadas
Muchas creencias que nos limitan son heredadas —familiares, culturales, sociales—. Cuestiónalas: “¿Realmente eso es verdad para mí? ¿De dónde viene este pensamiento?”