Además, muchos alimentos percibidos como «saludables» o convenientes para las personas mayores, como las leches vegetales con azúcares añadidos o los embutidos procesados, están desprovistos de la proteína de calidad necesaria para la síntesis muscular o, en el caso de los embutidos, contienen conservantes y grasas saturadas que reducen el flujo sanguíneo a los músculos, acelerando así la sarcopenia. Por otro lado, la simple falta de ingesta de proteínas de alta calidad es otro enemigo crucial, ya que el cuerpo de un adulto mayor tiene una menor eficiencia para utilizarlas, necesitando, de hecho, una mayor cantidad para el mantenimiento muscular que una persona joven.