Preparación
Paso 1: Preparación de los ingredientes
Comenzar seleccionando ajos frescos y firmes, evitando aquellos que presenten signos de brotación o manchas. Pelar cuidadosamente cada diente, eliminando la piel exterior completamente. Es fundamental utilizar ajo fresco para garantizar la máxima concentración de alicina, el compuesto responsable de sus propiedades terapéuticas.
Lavar meticulosamente los limones bajo agua corriente, especialmente si planeas utilizar la cáscara. Si los limones no son orgánicos, es recomendable pelarlos para evitar residuos de pesticidas. Cortar los limones en trozos medianos, manteniendo las semillas si no te molestan en la textura final, ya que también contienen compuestos beneficiosos.
Seleccionar un tomate maduro pero firme, de color rojo intenso y uniforme. La madurez óptima garantiza la máxima concentración de licopeno. Lavar el tomate y cortarlo en trozos grandes que faciliten el procesado en la licuadora. No es necesario pelarlo, ya que la piel contiene nutrientes adicionales.
Paso 2: Procesado en licuadora
Colocar todos los ingredientes sólidos en una licuadora de alta potencia. El orden de colocación puede influir en la eficiencia del licuado: primero los ajos, luego los trozos de tomate y finalmente los limones. Esta secuencia permite que los ingredientes más duros se procesen primero.
Añadir el medio litro de agua purificada gradualmente. Comenzar con aproximadamente una taza de agua para facilitar el inicio del licuado, y agregar el resto progresivamente mientras la mezcla se homogeneiza. La temperatura del agua debe ser ambiente para no afectar los compuestos termolábiles.
Licuar a velocidad alta durante 2-3 minutos continuos, hasta obtener una mezcla completamente homogénea. La consistencia final debe ser uniforme, sin trozos visibles de ningún ingrediente. Si la licuadora no es suficientemente potente, puede ser necesario parar ocasionalmente para redistribuir los ingredientes.
Paso 3: Filtrado y conservación
Colar la mezcla utilizando una malla fina de acero inoxidable o un paño de algodón limpio. Este paso es crucial para eliminar fibras y pequeños fragmentos que podrían resultar desagradables al consumir. Presionar suavemente los residuos para extraer la mayor cantidad de líquido posible.
El líquido resultante debe tener una consistencia ligeramente espesa y un color que combina el rojizo del tomate con el amarillo del limón. Si el sabor resulta demasiado intenso, este es el momento de añadir la miel, mezclando suavemente hasta su completa disolución.
Servir inmediatamente un vaso de 250 ml para el consumo fresco. El resto debe almacenarse en un recipiente de vidrio hermético en el refrigerador, donde mantendrá sus propiedades durante un máximo de 24 horas. Agitar antes de cada consumo, ya que es normal que los componentes se separen ligeramente.
Variantes :
Versión energizante matutina: Añadir una cucharadita de jengibre fresco rallado a la mezcla original. El jengibre aporta propiedades termogénicas que aceleran el metabolismo y proporcionan un impulso energético adicional, perfecto para comenzar el día con vitalidad renovada.
Variante digestiva: Incorporar unas hojas frescas de menta o hierbabuena antes del licuado. Esta versión es especialmente beneficiosa para personas con sensibilidad digestiva, ya que la menta suaviza el impacto del ajo en el estómago y mejora el sabor general.
𝐕𝐞𝐫 𝐩a𝐠𝐢𝐧𝐚 3