Más allá del malestar personal, existen también consecuencias sociales y relacionales. Si el encuentro ocurre con alguien que ya tiene pareja o que pertenece al mismo círculo social, puede desatar una cadena de conflictos: rupturas de confianza, pérdida de amistades, tensiones en grupo e incluso drama público. Los rumores, los juicios y las críticas pueden afectar gravemente la reputación y la estabilidad emocional de los involucrados. En una era donde todo se comparte y se comenta, los errores íntimos pueden hacerse visibles, generando vergüenza y aislamiento.
Incluso cuando la relación es casual y entre personas solteras, las expectativas desiguales siguen siendo un terreno delicado. Una parte puede comenzar a desarrollar sentimientos o desear compromiso, mientras que la otra se mantiene emocionalmente distante. Esa desconexión puede resultar dolorosa, haciendo que la persona que se involucró con sinceridad se sienta rechazada o utilizada. Con el tiempo, estas experiencias pueden erosionar la confianza en las relaciones y en uno mismo.
A todo ello se suma el riesgo para la salud física. Las relaciones sexuales sin precauciones pueden conllevar infecciones de transmisión sexual (ITS) o embarazos no planificados. Incluso con protección, el riesgo nunca desaparece por completo. Lidiar con las consecuencias de una infección o un embarazo inesperado puede ser abrumador, sobre todo cuando no hay una relación estable o apoyo emocional de por medio. El estrés, la culpa y la responsabilidad que surgen después de estos eventos pueden cambiar la vida y afectar la salud mental de forma duradera.