Sentir una presencia discreta
A veces se puede percibir como un soplo, un calor o simplemente una sensación extraña, como si alguien estuviera detrás de nosotros. Algunos incluso describen la aparición repentina de un olor familiar: un perfume usado a diario, el aroma de un plato preparado en el pasado o una fragancia que evoca un abrazo. Estas sensaciones, aunque fugaces, reactivan la memoria afectiva y nos envuelven en una dulce nostalgia. No son necesariamente racionales, pero nos dan la valiosa sensación de no estar completamente solos.