Otros signos de alerta temprana pueden ser más sutiles, como fatiga o debilidad persistentes no relacionadas con el ejercicio, o ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos debido a la acumulación de bilirrubina).
Algunas personas también notan orina más oscura, heces pálidas o grasosas y picazón en la piel.
La pérdida de peso inexplicable y la pérdida de apetito también son comunes, y puede aparecer dolor abdominal o de espalda a medida que el tumor crece. Si presiona órganos o nervios cercanos, puede provocar molestias persistentes que no desaparecen fácilmente.
Los expertos afirman que el cáncer de páncreas también puede afectar el hígado y la vesícula biliar, a veces provocando el agrandamiento de estos órganos. En algunos casos, también puede desencadenar diabetes al dañar la capacidad del páncreas para producir insulina.
Si bien muchos de estos síntomas pueden deberse a otras afecciones mucho menos graves, los profesionales de la salud recomiendan no restarles importancia, especialmente si los síntomas de coágulos sanguíneos aparecen sin una causa clara.