El tiempo sin contacto crea barreras
Cuantos más días pasan sin compartir ni recibir ternura, más muros se levantan. Algunas mujeres se vuelven más reservadas, incluso desconfiadas, para protegerse. Y a veces estos muros se vuelven tan altos que uno olvida cómo cruzarlos.
El cuerpo no olvida
Aunque no haya relación, nuestro cuerpo guarda la memoria del contacto. La falta de afecto puede mostrarse como nerviosismo, tensiones o cansancio emocional. La necesidad de cercanía simplemente queda en modo de espera.
El estrés encuentra una puerta abierta
Los momentos de ternura liberan hormonas del bienestar. En cambio, una ausencia prolongada de consuelo puede aumentar el estrés y alterar el sueño. Es una reacción humana, no una debilidad.
Se llena el vacío de otras maneras… pero no por completo
Algunas mujeres se refugian en el trabajo, la lectura, el deporte o las amistades… ¡Y está muy bien! Estas pasiones nutren el espíritu, pero no reemplazan del todo la calidez de un vínculo humano auténtico.
La autoestima puede tambalear
Cuando se pasa mucho tiempo sin afecto ni reconocimiento, se puede empezar a dudar del propio valor. Sin embargo, esa falta no dice nada sobre nosotras: no refleja ni nuestra belleza, ni nuestro mérito, ni nuestra capacidad de amar.
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