Cuando la grasa lleva incrustada varios días (¡o incluso semanas!), hay que recurrir al plan B: vinagre blanco.
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Coloca las placas en un recipiente (o en una palangana grande);
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Cúbrelas con vinagre blanco caliente, añade sal gruesa y espolvorea bicarbonato;
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Déjalas reposar varias horas (o toda la noche si es necesario);
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Un buen repaso con una esponja abrasiva o un cepillo de dientes viejo, y las manchas desaparecerán casi sin esfuerzo.
Pequeño bonus: el vinagre también neutraliza los malos olores. ¡Doble beneficio!
Limón: un toque de frescura (y eficacia)
¿Necesitas una limpieza profunda sin olores fuertes? ¡El limón es tu amigo!
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Coloca las placas en una bolsa hermética grande;
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Añade agua caliente y el jugo de dos limones;
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Deja reposar entre dos y tres horas;
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Enjuaga, frota si es necesario, ¡y admira el resultado!
Además de limpiar, el limón deja un aroma fresco y natural… ¡mucho más agradable que los detergentes agresivos!
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