Contrariamente a la creencia popular, las secuelas de la COVID-19 prolongada no se quedan en la cabeza. Dejan marcas duraderas en el cuerpo:
Fibrosis pulmonar que dificulta la respiración.
Inflamación crónica del corazón
Síndrome POTS (taquicardia ortostática postural), donde el corazón se acelera al más mínimo cambio de posición.
Y sobre todo, un sistema inmunológico debilitado, lo que hace que las infecciones comunes sean mucho más riesgosas.
El Dr. Cohen insiste: «No es pereza. No es psicosomático. Es una enfermedad real y multisistémica que aún se comprende muy poco».