¿Y si un hábito que creíamos inseparable de la vida en pareja no fuera tan esencial para la felicidad? Muchas parejas se hacen esta pregunta al darse cuenta de que sus noches ya no son tan reparadoras como antes. Entre los despertares nocturnos, los ritmos diferentes y la necesidad de consuelo, una solución se impone… pero aún está envuelta en dudas. ¿Y si el secreto de una relación pacífica reside precisamente donde menos lo esperamos? ¿
Por qué nuestras noches cambian con la edad?

Después de los 50, muchas personas notan cambios en sus hábitos de sueño. No es sorprendente: el cuerpo anhela más tranquilidad, aumenta la sensibilidad al ruido y los despertares nocturnos se vuelven más frecuentes. ¿El resultado? Dormir juntos, algo tan natural durante años, de repente puede parecer menos sencillo. Un edredón que se mueve, un despertar temprano, una pareja dando vueltas en la cama… y la noche parece interminable. Cuando la fatiga se acumula, a menudo es la vida diaria la que se vuelve más pesada.
Dormir juntos… ¿o dormir mejor?
A menudo surge la pregunta: ¿deberíamos aferrarnos a la idea de compartir la cama o priorizar la comodidad mutua? Para muchas parejas, la respuesta fue obvia. Se dieron cuenta de que al dormir separados, redescubrían un descanso profundo que habían olvidado. Y lejos de distanciarlos, esta decisión les permite despertarse sintiéndose más tranquilos, más disponibles y más pacientes. Este simple cambio a veces abre la puerta a días más ligeros, con menos tensión derivada de la privación crónica del sueño.
Cuando dormir mejor mejora la relación
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