La mala circulación no aparece de un día para otro. Es el resultado de hábitos diarios, rutinas laborales exigentes y, en algunos casos, problemas de salud que avanzan lentamente.
Las causas más comunes que muchas veces pasamos por alto
No siempre hay una sola razón. La mala circulación en los pies suele ser el resultado de varios factores combinados:
-
Vida sedentaria: pasar muchas horas sentado, especialmente frente a una pantalla
-
Trabajos de pie durante largas jornadas sin descanso
-
Falta de actividad física regular
-
Sobrepeso, que dificulta el retorno venoso
-
Diabetes y problemas metabólicos
-
Colesterol alto y presión arterial elevada
-
Tabaquismo, uno de los mayores enemigos de los vasos sanguíneos
-
Envejecimiento, que reduce la elasticidad de las venas
Muchos de estos factores pueden modificarse, y ahí está la buena noticia.
El cuerpo es sabio y siempre avisa. El problema es que a veces no lo escuchamos. Estos son algunos síntomas frecuentes:
-
Sensación constante de pies fríos
-
Hinchazón en pies y tobillos, especialmente por la noche
-
Entumecimiento u hormigueo
-
Cambios en el color de la piel
-
Calambres al caminar o al descansar
-
Dolor leve pero persistente
-
Aparición de venas visibles o varices
Aunque al principio parezcan molestias pequeñas, con el tiempo pueden intensificarse si no se toman medidas.
El impacto emocional de vivir con mala circulación
continúa en la página siguiente