A muchos les ha pasado: salir a caminar unas cuadras y sentir que las piernas pesan, que ya no responden como antes… incluso apoyarse en algo para no perder el equilibrio. Esa sensación incómoda no solo frustra, también hace que poco a poco dejes de moverte más. Y lo peor… el cuerpo se acostumbra. Pero hay algo que casi nadie te dice: ciertos hábitos simples en tu día a día podrían marcar la diferencia… y al final te revelaré un detalle que casi todos ignoran.