3 – NÁUSEAS, SENSACIÓN DE PESADILLA. Con un hígado congestionado, el cuerpo ya no puede eliminar las toxinas correctamente y comienza a almacenarlas en la grasa celular. No importa cuánto ejercicio hagas o vayas al gimnasio, tu hígado seguirá sobrecargado. No te apetece desayunar por la mañana porque te despiertas con náuseas. Sientes náuseas con facilidad y, después de las comidas, probablemente quieras echarte una siesta. Es evidente que tu hígado te está diciendo que necesita cuidarse. Uno de los primeros pasos para evitar esto es empezar a cenar ligero por la noche. De hecho, es por la noche cuando el hígado trabaja más; si la cena es demasiado pesada, tu sueño puede verse interrumpido, e incluso provocar sudoración excesiva al intentar procesar el exceso de alimento que tiene que gestionar durante la noche. Cenar ligero es un pequeño gesto que puedes hacerle a tu hígado.