Si tú o algún familiar cercano experimentan varios de estos síntomas de forma repetida, el primer paso obligatorio es realizar una prueba de hemoglobina glicosilada (HbA1c) y monitorear los niveles de glucosa capilar antes de acostarse y justo al despertar.
Para prevenir estos episodios nocturnos, los especialistas recomiendan cenar alimentos de bajo índice glucémico (ricos en fibra y proteínas magras) y evitar los carbohidratos refinados antes de dormir. Asimismo, mantener una rutina de ejercicio moderado por la tarde ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina durante la noche. Recuerda que la diabetes no descansa; escuchar a tu cuerpo mientras duermes es el seguro de vida más efectivo para mantener tu bienestar.