La mejor estrategia contra un desenlace fatal es la prevención activa. No se trata de vivir con miedo, sino de adoptar hábitos y controles médicos que salven vidas.
En primer lugar, los chequeos cardiológicos anuales son obligatorios. Un electrocardiograma y un ecocardiograma pueden detectar anomalías congénitas o eléctricas ocultas que no muestran síntomas diarios, pero que representan un riesgo alto durante esfuerzos físicos o momentos de gran estrés. Asimismo, monitorear periódicamente la presión arterial y mantener una alimentación baja en grasas saturadas evita el taponamiento de las arterias coronarias.