Una persona que parecía generosa con el mundo entero, pero era fría, indiferente o cruel con quienes compartían su vida.
Ayudaba a todos, excepto a su pareja.
Escuchaba a todos, excepto a sus hijos.
Tenía tiempo para todos, excepto para quienes realmente lo necesitaban.
Porque su objetivo no era ayudar.
Su objetivo era ser admirado.
La ayuda genuina nace de la empatía.
La ayuda interesada nace de la necesidad de validación.
Y aunque desde afuera parezcan iguales, la diferencia aparece cuando no reciben reconocimiento.
La persona empática sigue ayudando.
La persona que busca admiración se molesta, se victimiza o desaparece.
Esa es la prueba.
No es difícil ser bueno cuando todos te están mirando.
Lo difícil es ser bueno cuando nadie aplaude.